Transplante y asimilación
El transplante y asimilación de los valores de la pintura europea fue la
base para el desarrollo de una expresión propia ejecutada por los
pintores activos en la Nueva España, en la que poco se aprovecharon los
materiales y técnicas indígenas. Se impulsó así la pintura de filiación
manierista traída por los conquistadores , impregnada con rasgos
flamencos e italianizantes. Entre las últimas décadas del siglo XVI y
las primeras del siglo XVII se produjo el relevo natural de aquellos
experimentados artistas europeos por otra generación de jóvenes pintores
nacidos ya en el virreinato.
Contrastes lumínicos y de color
En la pintura de mediados del siglo XVII se produjo un cambio en el
lenguaje pictórico con la introducción de juegos de luces y sombras, lo
cual resultó en obras de gran fuerza y veracidad en el tratamiento de
rostros y telas. Esta tendencia de la escuela sevillana hacía
representaciones naturalistas y el empleo de modelos inspirados en la
producción del flamenco Rubens desempeñaron un papel decisivo en el
ámbito artístico novohispano. En el último tercio de la centuria, se dio
un cambio estilístico rumbo a una expresión más fastuosa, ligera y
dinámica, que alcanzó un momento de esplendor en el cual destacaron
pintores como Juan Correa, Cristóbal de Villalpando y los hermanos
Rodríguez Juárez.
Reelaboraciones y novedades pictóricas
Los cambios producidos en España con el relevo dinástico de los Asturias
por los Borbones significó en el campo de las artes la introducción
gradual de notas afrancesadas que desde 1720 comenzó a producir cambios
en la orientación de la pintura virreinal. La expresión pictórica
novohispana del siglo XVIII se distingue tanto por la mayor diversidad
de temas y géneros que abordó, como por poseer características propias;
tipos más suaves contornos difuminados, reducción en la paleta, colores
claros e iluminación uniforme.
Nacimiento de un proyecto ilustrado La Real Academia de San Carlos, emanada de la escuela de grabado
establecida por Jerónimo Antonio Gil, fue el órgano rector de las artes
e introductor de las formas clasicistas de la Nueva España, además de un
instrumento de los intereses económicos y centralistas de la Corona. Un
cuerpo docente inicial estuvo conformado por pintores locales de
extracción gremial. A la fugaz estancia de los primeros maestros
españoles, siguió un período de esplendor con artistas valencianos como
Tolsá, Fabregat y Ximeno y Planes.