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La leyenda del niño del bote

6 junio, 2019

La leyenda del niño del bote tuvo su origen en un domicilio ubicado sobre la Calle Galeana #1976 en la ciudad de México, que actualmente viene a estar un puente ahí por la avenida ayuntamiento, en el domicilio vía una pareja un niño pequeño.

El niño estaba muy nervioso, con mucha ansiedad, a lo que les pregunto a sus papás ¿Por qué se escucha que alguien llora y juega en la azotea?, un hecho que pondría en alarma a muchos padres de familia, pero no fue el caso de estos padres, ya que no mostraron mucha importancia por el asunto, a lo cual, para quitárselo de encima, solo le decían, ha de ser un gato, ¡duérmete!, no pasa ¡nada!

Lamentablemente el pequeñito siempre se despertaba a mitad de la noche, muy alterado, ya que el escuchaba ruidos muy extraños sobre el techo de su habitación, había veces que escuchaba algunos gemidos, otras como si alguien estuviera pateando una lata metálica de un lugar a otro. Intentaba despertar a sus papás para que fueran a ver que podrían ser esos ruidos, pero ellos únicamente y desde su habitación le gritaban que volviera a dormir, que no era nada, incluso de tanto miedo, el pequeño intentaba dormir con ellos, pero sus padres le decían que tenía que ser valiente que ya debería dormir solo en su habitación.

La leyenda del niño del bote

Así pasaron varias noches seguidas, hasta que un día, se escuchó un estruendoso grito aterrador que provenía del cuarto del pequeño, ahí fue entonces que se alarmaron sus padres y corrieron presurosamente a donde el niño, cuál fue su sorpresa que, su hijo pequeño no estaba, se alarmaron y hablaron de inmediato a la policía para que lo buscaran. Al otro día, después de la incansable búsqueda sin éxito, regresaron desconsolados a su hogar, con la novedad de que de la azotea se venía colgar de un hilo, un bote de metal.

Muy extrañado el hombre entra a su casa, se dirige a la habitación donde había desaparecido su hijo, al entrarlo ve una escalofriante escena, su hijo estaba en un rincón en cuclillas, como en posición fetal, sin vida, en su rostro se podían apreciar rasguños muy profundos y una impresión de terror, como petrificado.

Nunca se explicaron lo sucedido, al poco tiempo se mudaron y la primera noche que durmieron, se despertaron gracias a un ruido que se escuchaba en la azotea, tal como lo describía su hijo fallecido, de una lata moviéndose de un lado a otro en la azotea. Al momento en que despertaron vieron de frente de la cama, el rostro de su hijo diciéndoles “Me asusta mucho el ruido de esa lata de allá arriba”. Evidentemente quedaron paralizados, atónitos, con el rostro blanco.

Ahora cada que es el aniversario de la muerte del pequeño, se escuchan sus llantos y el típico ruido en la azotea.

Autor: Eduardo Sánchez

Lugar: Ciudad de México