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Leyenda del Panteón San Fernando

11 junio, 2019

La leyenda del panteón de San Fernando es bastante conocida por las personas que habitan cerca. En México, la tradición está muy ligada a la muerte, desde niños se nos cuentan leyendas de terror, historias de fantasmas, cuentos de aparecidos, y se nos educa con la advertencia de que, al portarnos mal, puede venir a llevarnos una criatura sobrenatural para darnos el castigo que nos merecemos, que regularmente consiste en comernos enteros.

Esta actividad está presente en nuestra cultura desde épocas prehispánicas, pues la creencia en el Mictlán el mundo de los muertos, afirmaba que el alma de una persona debía superar algunos retos antes de llegar al destino final que le proveería el descanso eterno y que estas tenían la habilidad de transitar entre ambos mundos utilizando portales, de ahí nace la tradición de celebrar el Día de Muertos, y designar un día especial para conectar ambos planos existenciales, y dar la oportunidad de que los humanos convivan con entidades no humanas regidos por ciertas reglas.

Leyenda del Panteón San Fernando

Se cree que las puertas que permiten tal enlace se encuentran en los cementerios, pues en este lugar se encuentran los cuerpos de quienes han pasado al más allá, y también las almas en tránsito que de alguna forma se encuentran vagando entre nosotros a causa de haber dejado un asunto pendiente que no les permite partir.

Por esta razón, es raro que exista un panteón sin historias escalofriantes, y en los que la gente se sienta segura. Aunque las apariciones no tienen una hora determinada, sabemos que prefieren aprovechar la oscuridad de la noche para esconderse entre las tumbas y nichos, es por esto que la mayoría de las experiencias son compartidas por veladores, y uno que otro imprudente que intentaba probar su valentía a través de algún tonto reto.

Así es como nos hemos enterado de lo que ocurre en el Panteón de San Fernando, uno de los más antiguos de la ciudad de México, instalado en la colonia Guerrero. Su fama proviene de la asombrosa arquitectura del siglo XIX que perdura en sus acabados, y de los personajes ilustres que están enterrados ahí, como el expresidente Benito Juárez.

Y ahora vamos a aquello que le ha dado reconocimiento como un sitio de inmensa actividad paranormal, pues a decir de muchos testigos, la noche desata toda una locura en la que sombras se levantan de entre las tumbas para juguetear entre las lapidas, unos seres traslucidos se dejan llevar por el viento entre los estrechos pasillos y emiten una inquietante tonada a veces con gemidos, otras con gritos. Entre todas estas apariciones hay algunas que disfrutan enormemente causar escalofríos, dejando que su gélido aliento llegue hasta la nuca de los transeúntes.

En ocasiones se puede llegar a sentir el toque de una mano fría que hela hasta los huesos y provoca espasmos involuntarios en el cuerpo, pero nada parece tan impresionante como el avistamiento de una mujer de complexión robusta y tez blanca que observa a lo lejos, detenidamente, sigue cada uno de tus movimientos con total concentración, no hay alguna cosa que la distraiga de clavarte su mirada como puñaladas directas al corazón. Ella tiene la habilidad de paralizar con tan solo ver a su víctima, cuando consigue su objetivo, se acerca lentamente, deja que el terror invada tu cuerpo junto a la desesperación de no poder salir corriendo, el miedo la alimenta, le arranca una sonrisa macabra, luego al estar lo suficientemente cerca, su rostro se deforma, los ojos se le hunden y frente al rostro del rígido testigo desaparece con un silbido del viento.

Sobre su origen, se dice que puede tratarse de Dolores Escalante, una mujer que murió en épocas pasadas a causa del cólera, cuyo cuerpo se encuentra enterrado en ese lugar.